domingo, 14 de marzo de 2021

Actividad N° 1

 

1.      Lee los siguientes mitos:

EL HUEVO CÓSMICO (MITO POLINESIO)

Al principio, el Universo tenía la forma de un huevo que contenía solo dos elementos: Te Tumu, un macho, y Te Papa, una hembra. Pero no seguiría así por siempre. Durante la primera aurora, el Universo estalló y produjo tres capas superpuestas. Te Tumu y Te Papa, quienes permanecieron en la capa más baja, crearon a todos los seres vivientes que hoy conocemos: los hombres, las plantas y los animales. Pero Te Tumu y Te Papa no eran infalibles. Primero crearon a Matata, un hombre sin brazos que murió al poco tiempo de ser creado. Después idearon a Aitu, quien carecía de piernas; también murió. El tercer hombre era perfecto. Lo llamaron Hoatea que significa “espacio del cielo”.

Hoatea recibió de manos de sus creadores todo el Universo. No tardó en darse cuenta de que en esa inmensidad no existía otro ser como él. Entonces le enviaron a una mujer. Se llamaba Hoatu que significa “fructuosidad de la tierra”. Hoatu se convirtió en la mujer de Hoatea y de ellos descendió la raza humana. Cuando la capa más baja de la Tierra se llenó de creación, algunas personas hicieron una abertura en medio de la capa superior para poder subir. Allí se establecieron y llevaron con ellos las plantas y los animales. La vida se multiplicaba vertiginosamente. Tampoco quedaba espacio en la segunda capa. Entonces levantaron la tercera capa de modo que formara un techo a la segunda y se establecieron allí también. Así los seres humanos pudieron disponer de tres superficies. Por encima de la Tierra estaban los cielos, también superpuestos. Llegaban hasta abajo y estaban sostenidos por sus respectivos horizontes. Algunos de ellos se mezclaban con las capas de la Tierra, por lo que la vida de los hombres era confusa e incómoda. Por eso la gente siguió trabajando, expandiendo un cielo por encima del otro, hasta que todo estuvo en orden.

 

 

EL ASCO DEL CIELO (MITO GUARANÍ-NIVAKLE)

Aquel de allá, el Cielo, Vaíash, antes era la Tierra, Kozjaíat. Pero aquel que ahora está arriba, en una época tuvo demasiado asco. Tuvo mucho asco. Se dice que en ese tiempo Vaíash estaba acá abajo, donde ahora está Kozjaíat. Pero los dos se cambiaron de lugar. Esto perjudicó a los antiguos hombres que poblaban encima del cielo, porque la Tierra se cayó sobre ellos, se vino abajo.

Cuando todavía Vaíash estaba aquí abajo, dos mujeres quisieron hacer su necesidad sobre él, el que ahora está arriba. Por eso existen las dos manchas que se ven al oscurecer. Son los lugares donde se limpiaron las dos mujeres. Vaíash no pudo soportar el asco que le produjo pensar que estas dos mujeres no serían las únicas. Que vendrían otros: hombres, mujeres, niños, papagayos, mulitas, serpientes, lagartos, tucanes... Esos seres ya no se conformarían con tomar de él lo que necesitaban, sino que también dejarían sus suciedades. Y el asco fue mayor.

Esta fue la razón por la que se cambiaron en aquel tiempo pasado. En cambio, Kozjaíat, la Tierra, no tuvo asco.

-Yo me haré cargo de mis amigos. Porque no me repugnan, estoy dispuesta a quedar bajo ellos.

Y así sucedió. Se cambiaron de lugar. A los que vivían sobre Vaíash les parecía algo muy extraño lo que ocurría. Se caían las nubes. Se caían sobre aquellos hombres. Y al subir el Cielo, resbalaron hacia abajo. Acá mismo, hacia abajo. Esos hombres se encuentran ahora bajo nosotros. Resbalaron. Fueron bajo esta tierra.

¡Quién sabe hace cuánto tiempo ocurrió esto!

¡Quién sabe hace cuánto tiempo aquel que estaba arriba era Tierra y el que estaba abajo era Cielo!

 

EL ORDENADOR DEL MUNDO (MITO CHINO)

(Versión de Nicolás Schuff)

 En el principio, el tiempo y el espacio estaban contenidos en un enorme huevo negro.

Dentro de aquel huevo originario que reunía el todo y la nada, también dormía Pan Gu, el gigante del hacha.

Dieciocho mil años duró el sueño pesado del gigante. Cuando despertó se sintió muy confundido y sofocado. Alrededor suyo no había otra cosa que Wuji: caos indiferenciado, ser y no ser, tinieblas sin forma ni límites precisos.

Pan Gu se puso en pie, empuñó su hacha y golpeó el huevo con fuerza. La cascara se astilló en pedazos.

Enseguida, aquella nebulosa que formaría el universo empezó a girar y a girar. Pan Gu separó la materia más clara y ligera de la más pesada y oscura. Con una formó el cielo. Con la otra la tierra.

Desahogado de mejor humor, el gigante dedicó toda su energía a separar el cielo y la tierra, todavía muy cerca del otro.

Gracias a su esfuerzo, la distancia entre ambos fue creciendo día tras día, lentamente pero sin pausa, y Pan Gu creció con ella.

Pasaron otros dieciocho mil años. Recién entonces las tinieblas se disiparon siempre, y el cielo azul y la tierra firme estuvieron lo suficientemente separados.

Cumplida la titánica tarea, el gigante Pan Gu exhausto y satisfecho, se recostó, exhaló y murió.

Como la muerte engendra vida y la vida engendra muerte, y el mundo está en perpetuo cambio y transformación, ocurrió algo aún más extraordinario. El cuerpo de Pan Gu todavía tibio, sufrió una metamorfosis y dio origen al mundo que nos rodea, tal como lo conocemos.

De su último suspiro nacieron el viento y las nubes. Su ojo izquierdo se transformó en el sol, y el derecho en la luna. Las estrellas que pueblan el cielo nacieron de sus cabellos. Sus brazos, piernas y tronco dieron origen a cinco altísimas montañas, mientras sus venas se convertían en caudalosos ríos y sus tendones en vallas y caminos. Cada uno de sus músculos transmutó en tierra y campos fértiles. Las plantas, las flores y los árboles se formaron a partir de su piel y del vello de su cuerpo. De su sudor nacieron la lluvia y el rocío; de sus dientes y huesos surgieron el oro, la plata, el jade, el marfil y la innumerable riqueza mineral de nuestra tierra.

En cuanto a los hombres y mujeres, algunos dicen que nacieron del espíritu y alma del gigante. Otros afirman que somos descendientes de los piojos que vivían entre sus pelos.

En cualquier caso, el universo y los seres que lo habitan existen gracias al gigante Pan Gu.

 

 

2.      Indiquen con V las afirmaciones verdaderas y con F las afirmaciones falsas

 

Según el mito polinesio:

a.       El Universo tenía la forma de un huevo que contenía solo dos elementos

b.      El Universo estalló y produjo dos capas superpuestas

c.       Te Tumu y Te Papa crearon en una primera oportunidad y sin ensayos al hombre  perfecto, lo llamaron Hoatea que significa “espacio del cielo”.

d.      La primera mujer se llamaba Hoatu que significa “fructuosidad de la tierra”

e.       Los seres vivientes comenzaron a ocupar las diferentes capas porque la vidad se multiplicó vertiginosamente.

 

Según el mito guaraní:

a.       Hace mucho tiempo el cielo, Vaíash y la tierra, Kozjaíat estaban en lugares opuestos.

b.      La tierra tuvo asco porque los seres vivientes hacían sus necesidades en ella y quiso cambiar de lugar con el cielo.

c.        A los que vivían sobre Kozjaíat les parecía algo muy extraño lo que ocurría porque las nubes se caían sobre ellos.

 

Según el mito chino:

a.       Los hombres descienden de los brazos de Pan Gu

b.      El wuji es un estado previo a la creación del universo

c.       De los dientes y huesos de Pan Gu nacieron los ríos y los valles

d.      Al romper el enorme huevo blanco, Pan Gu creó el cielo y la tierra

 

3.      ¿Por qué los relatos precedentes se pueden considerar mitos?

4.      Investiga acerca de las culturas de las que provienen estos mitos ¿Dónde habitan o habitaban? ¿En qué época? ¿Cuáles son sus características?

5.       Analicen las semejanzas y las diferencias de los tres mitos. Se pueden orientar con las siguientes preguntas: ¿Qué hechos explican? ¿De qué modo lo hacen?  ¿Hay elementos parecidos entre uno y otro relato?

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